Encuentro comunitario fortalece la organización, la participación de las mujeres y la defensa del territorio desde la espiritualidad y los saberes ancestrales.
Por: Verónica Shibuya, coordinadora de la oficina de Loreto del CAAAP.
Desde 1972, la misión napuruna del Vicariato Apostólico San José del Amazonas impulsa la Tantarina como un espacio de formación política, social y espiritual. Su propósito ha sido acompañar al pueblo Kichwa en el tránsito de ser considerado un “objeto” de la historia a convertirse en un sujeto activo de su propio destino.
Este proceso tuvo dos hitos fundamentales en sus inicios. El primero fue la Tantarina realizada en Puerto Elvira, en septiembre de 1972, que reunió a responsables de la vida religiosa indígena. El segundo, en diciembre del mismo año, en Monterrico–Angoteros, fue denominado el “gran congreso Kichwa”. En este encuentro, las comunidades acordaron liberarse del sistema de servidumbre impuesto por patrones y hacendados, reorganizarse bajo sus propias autoridades e iniciar el reconocimiento legal de sus territorios.
Con el paso del tiempo, la Tantarina ha ampliado su alcance. Inicialmente dirigida a varones líderes —como animadores cristianos y presidentes comunales— hoy incluye a mujeres, promotores de salud, docentes bilingües, monitores ambientales, líderes religiosos (kuyllur) y comuneros en general. Este proceso ha fortalecido la participación colectiva y la representación comunitaria.
El impacto de la Tantarina se expresa en el fortalecimiento de la espiritualidad propia del pueblo Kichwa, su relación con Pachayaya (Padre creador) y la recuperación de mitos, símbolos y saberes sagrados. Todo ello se entrelaza con el diálogo con el Evangelio, generando una propuesta espiritual con identidad propia.
Este espacio se sostiene en cuatro pilares fundamentales. El primero es la comunidad como autoridad, donde las decisiones se construyen mediante el diálogo y el consenso, sin imposiciones. El segundo es la resistencia pacífica, que promueve la organización para la defensa de derechos y la protección del territorio. El tercero es el fortalecimiento del ayllu (familia), a través de las kamachinas o consejos de los mayores, que refuerzan los compromisos y la identidad colectiva. El cuarto es la función de defensa y coordinación, orientada a planificar acciones comunitarias en beneficio común.
Para el sacerdote Matías Viñas, de la misión en Angoteros, la Tantarina es un espacio organizativo y espiritual clave: “Es un espacio de fortaleza y esperanza, donde la palabra crea armonía y consenso. Aquí he aprendido la vitalidad de la tradición oral: la palabra compartida debe ser cumplida”.
En la misma línea, Patricia Blasco destaca el creciente protagonismo de las mujeres: “Es un espacio vivo de aprendizaje, encuentro y reafirmación cultural. Las mujeres fortalecen su voz y se preparan para servir a sus comunidades”. Por su parte, María Fernanda Díaz resalta la riqueza del intercambio: “Es una oportunidad para conocer profundamente la cultura Kichwa y compartir su espiritualidad”.
La Tantarina más reciente se realizó del 22 al 26 de abril de 2026 en Angoteros. Su objetivo fue fortalecer capacidades en derecho consuetudinario y brindar herramientas comunitarias para enfrentar amenazas al territorio, además de reforzar el rol de las lideresas y reflexionar sobre el derecho al sufragio desde la realidad local.
En el ámbito espiritual, se desarrolló formación bíblica en clave territorial, abordando cómo los textos sagrados pueden fortalecer la defensa comunal. Asimismo, se trabajó el liderazgo femenino desde una perspectiva bíblica, reconociendo a las mujeres como portadoras de vida, memoria y defensa del territorio.
Participaron representantes de 24 de las 34 comunidades del Alto Napo, junto a integrantes de la organización indígena ORKIWAN. El alto costo del combustible limitó la asistencia, pero no impedirá que los conocimientos compartidos se difundan a través de la tradición oral.
Durante el encuentro, la abogada Verónica Shibuya, coordinadora del CAAAP en Loreto, abordó el fortalecimiento de capacidades desde una perspectiva legal. Destacó la importancia de revalorar la justicia indígena y el derecho consuetudinario, así como la profunda conexión del pueblo Kichwa con su territorio frente a amenazas como las economías ilegales.
“Estos espacios muestran algo que muchos pueblos han perdido: el verdadero sentido de unidad. Son un solo pueblo, un solo corazón, una sola decisión”, afirmó.
La Tantarina continúa así consolidándose como un espacio vivo de aprendizaje, organización y esperanza, donde la palabra, la memoria y la acción colectiva se entrelazan para sostener la vida del pueblo napuruna del Alto Napo.


