Por: CEAMA

A un año de la primera Cumbre Amazónica del Agua, la Iglesia Amazónica renovó su compromiso de escuchar, cuidar y defender el agua como fuente de vida y don de la creación. 

Más de 70 personas, entre jóvenes, estudiantes, integrantes del Movimiento Laudato Si’ y agentes pastorales de los Vicariatos Apostólicos de Iquitos y San José del Amazonas, se reunieron el sábado 26 de septiembre en el Complejo Centenario Padres Agustinos para hacer memoria del camino recorrido y proyectar los nuevos desafíos.

La jornada fue un espacio de encuentro, reflexión y diálogo en torno a los principales temas abordados durante la primera Cumbre. A través de trabajos grupales y momentos de intercambio, los participantes compartieron experiencias y propuestas orientadas a fortalecer el compromiso de las comunidades con el cuidado y la defensa del agua en los territorios amazónicos.

“El agua habla por nosotros”

Durante el encuentro, el Padre César Caro, administrador apostólico del Vicariato Apostólico San José del Amazonas, destacó que el compromiso con el agua supone también desarrollar una actitud profunda de escucha.

“Nosotros hablamos por el agua, pero en muchos momentos, como aquí en la Cumbre, el agua habla por nosotros”.

Sus palabras expresan una de las claves que ha marcado este proceso eclesial: escuchar a los territorios, a las comunidades y a los pueblos amazónicos, reconociendo en sus experiencias y saberes una voz fundamental para comprender los desafíos que enfrenta la Amazonía.

La defensa del agua se plantea así no solamente como una preocupación ambiental, sino como una dimensión que involucra la vida de las comunidades, sus territorios, sus culturas y su futuro.

Un proceso que sigue creciendo

Para Mons. Miguel Ángel Cadenas, obispo del Vicariato Apostólico de Iquitos, el camino iniciado con la Cumbre expresa un proceso que ha ido tomando forma dentro de la Iglesia Amazónica.

“Yo creo que esta decisión que hemos ido tomando como Iglesia Amazónica de conversar sobre el agua es algo nuevo y no es una cuestión nuestra. Es el Espíritu el que va indicando que este es el camino adecuado”.

La primera Cumbre Amazónica del Agua, realizada en Iquitos, congregó a más de 400 participantes, superando ampliamente las expectativas iniciales. Desde entonces, la experiencia ha continuado generando espacios de diálogo y articulación entre comunidades, agentes pastorales e Iglesias locales de distintos territorios de la Amazonía.

Lo que comenzó como una iniciativa local fue adquiriendo progresivamente una dimensión eclesial e internacional, construida desde la escucha, el diálogo y la búsqueda de respuestas compartidas frente a las amenazas que afectan al agua y a los ecosistemas amazónicos.

El cuidado del agua, una dimensión de la fe

Foto: Vicariato de Iquitos.

Durante la celebración eucarística que cerró la jornada, Mons. Miguel Ángel Cadenas recordó que defender el agua significa también defender la Amazonía y la creación de Dios.

Desde esta perspectiva, el cuidado de la Casa Común forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia y llama a las comunidades cristianas a comprometerse con la vida de los pueblos y con la protección de los territorios que habitan.

La celebración fue también un momento de acción de gracias por el camino recorrido durante este primer año y de oración ante los desafíos que continúan interpelando a la Iglesia y a las comunidades amazónicas.

Puerto Maldonado: nuevo horizonte para el camino

El proceso tendrá un nuevo momento de encuentro en 2027, con la realización de la Segunda Cumbre Amazónica del Agua en Puerto Maldonado. Esta nueva etapa será una oportunidad para continuar escuchando a los pueblos y territorios, compartir experiencias y fortalecer las iniciativas orientadas al cuidado y defensa del agua.

A un año de la primera Cumbre, la Iglesia Amazónica reafirma así un compromiso que continúa creciendo desde los territorios: escuchar el clamor del agua, acompañar a quienes la defienden y promover una cultura del cuidado de la Casa Común.

El proceso continúa: somos agua, somos vida, somos esperanza.