En el espacio virtual las mujeres indígenas navegan nuevos retos que ponen a prueba su originalidad y su poder creativo para ir más allá de las brechas digitales

Por: Carolina Rodríguez Alzza, Ximena Balbín, Pierina Cavani, Hillary Hernández, Valeria Santamaria

16:45 | 29 de abril de 2021.- La producción artística de las mujeres indígenas de la Amazonía ha visibilizado los conocimientos ancestrales de sus pueblos, que comprenden sofisticadas técnicas de producción de cerámica, textilería, cestería. Ellas son también conocedoras de diseños geométricos, que envuelven sus rostros en actos de gran relevancia social. Su visión creativa ha renovado estas técnicas y conducido sus diseños geométricos por los murales de Lima, logrando así mayor visibilidad en una ciudad con una importante presencia de indígenas amazónicos. De igual modo, las mujeres indígenas se han erguido como la voz de estos conocimientos y de sus pueblos incluso a nivel internacional.

Sin embargo, el arte indígena no solo habla de estética y tradiciones, sino que hila las historias de sus pueblos y las trayectorias personales de sus artistas mirando con potencialidad hacia su situación actual. Hoy esa situación todavía está marcada por la pandemia de la COVID-19 que ha afectado críticamente no solo a la salud de los pueblos indígenas, sino también a su economía. El aislamiento social obligatorio paralizó los circuitos que incluyen las ferias y el turismo, en los transitaban las mujeres indígenas posicionando su arte. Estos habían brindado mayor facilidad para vender sus piezas artísticas, asegurando así sus ingresos económicos. La economía que movían las mujeres a través del arte era destinada a cubrir necesidades básicas del hogar como compra de productos de la canasta básica familiar y de materiales para la educación de sus hijos.

Leidy Martínez, artista Shipibo-Konibo. Foto: Carolina Rodríguez Alzza

La pandemia ha afectado el ejercicio de mujeres como Neyra Pérez y Luz Maritha Rodriguez del pueblo Iskonawa; Diana Odicio, del Kakataibo y Leidy Martinez, del Shipibo-Konibo, que con esfuerzo se habían organizado para crear asociaciones en búsqueda de la formalización de la actividad artística de sus pueblos. Para una mujer que vive en una comunidad nativa en la Amazonía, inscribir su asociación implica movilizarse a las ciudades, hacer seguimiento documentario en SUNARP y afrontar todos los gastos que se requieran. Aun así, los esfuerzos valieron la pena cuando se les abrió la posibilidad de participar en distintas ferias organizadas anualmente por el Ministerio de Cultura, y el Ministerio de Comercio y Turismo, entre las que destacan Ruraq Maki y la Feria de Arte Nativa. Sin embargo, tras la declaración de la emergencia sanitaria, este circuito no ha podido continuar y su reactivación, aunque necesaria, puede significar un alto riesgo para la salud de las poblaciones indígenas.

Frente a esta situación, las artistas decidieron seguir produciendo mientras pensaban nuevas estrategias y esperaban oportunidades. Estas comenzaron a aparecer durante la pandemia bajo una modalidad virtual que encontró a estas mujeres y sus organizaciones frente a la brecha tecnológica que afecta a sus comunidades en la Amazonía, debido a la falta de conectividad a internet estable y la escasa posesión de aparatos tecnológicos. En Ucayali, la región a la cual todas ellas pertenecen, solo el 15.7 % de hogares tiene una conexión a internet, mientras que el 21.2 % no cuenta con ningún tipo de tecnología de información (INEI 2017). Ellas debieron sortear estos desafíos mientras los organismos del Estado con los que antes trabajaron trasladaban al formato digital todos sus canales de manera muy rápida.

Una de las primeras oportunidades que apareció, pocos meses después de haberse declarado el inicio de la emergencia sanitaria por la COVID-19, fue el proceso de Adquisiciones de Arte Tradicional Peruano organizado por el Ministerio de Cultura. Lograron participar las mujeres kakataibo de la Asociación de Madres Artesanas de la Comunidad Nativa Yamino, provincia de Padre Abad (Ucayali). A pesar de los múltiples requisitos que se solicitaron y que la inscripción requería el uso de una plataforma virtual, ellas lograron enviar su postulación con el apoyo de una aliada en la ciudad de Lima. Así ellas fueron seleccionadas para la compra de sus textiles con diseños tradicionales. Diana Odicio, presidenta de la asociación, espera que el Estado pueda garantizar no solo este, sino otros apoyos y de manera constante para atender este sector. “No solo se han paralizado las ferias, sino que ahora, con esta situación, trasladarnos a Pucallpa es más difícil y ponemos en riesgo nuestra salud y de nuestras familias”, señala.

Por su parte, la Asociación de Artesanas Iskonawa Pari Awin había encontrado en las ferias un importante incentivo para el fortalecimiento de su arte. Estos espacios les permitían difundir su cultura y mantenerla viva. Así, el trabajo artístico también está relacionado con los saberes transmitidos por la familia. «Es importante para mantener la cultura viva, para recordar a los viejitos», afirma Luz Maritha Rodríguez, vicepresidenta de la asociación. Los textiles que exponían para la venta son el resultado del rescate de sus diseños tradicionales, trabajados junto a sus madres y abuelas. Antiguamente, estos diseños se encontraban solo en los objetos de autoconsumo, pero al recuperarlos ellas decidieron impregnarlos en nuevos objetos que forman parte de sus propios trayectos de vida y darles un nuevo movimiento a estos saberes. A pesar de la débil señal que conecta la Comunidad Nativa de Callería (Ucayali) con el espacio virtual, esto no ha impedido que su entusiasmo las acerque a las posibilidades que ofrece actualmente el comercio a través de nuevas plataformas. Si bien el manejo de las tecnologías sigue siendo aún un reto para las mujeres iskonawa, ellas encontraron en las alianzas con otras organizaciones como Xapiri Ground y su tienda virtual una ventana para colocar sus piezas de arte ante un público activo que ellos ya tienen ganado, y que incluso les ofrece un alcance internacional.

Diana Odicio, artista kakataibo de la comunidad nativa de Yamino. Imagen: Cámara del Comercio y Turismo de Ucayali. 

Otro rostro de esta realidad es Leidy Martinez. Ella ha sido una activa difusora de la alfarería shipibo-konibo, un legado que le heredó su tía Dora Panduro a ella y a sus primas. Durante la pandemia retornó a su Comunidad Nativa San Rafael en Masisea (Ucayali), como muchas otras personas que vivían en las ciudades amazónicas, para protegerse y proteger a su familia ante el avance del virus. Cuando recibió la invitación para que la Asociación de Artesanas Chonon Biri participe en la pequeña versión de la feria Ruraq Maki organizada en diciembre del 2020 partió a Lima. Esta vez tuvo que sortear no solo las dificultades que implican el peso, las dimensiones y la fragilidad de sus cerámicas, sino también los retos de la COVID-19 en su trayecto. Aun cuando Leidy ha podido mantener algunos espacios presenciales de su actividad, ha tenido que combinarlos hábilmente con intentos por marcar una mayor presencia en la virtualidad con el propósito de incrementar sus ventas. Navegar por el mundo digital le ha sido posible gracias a contactos previos que había establecido y que le escriben por Whatsapp para hacerle pedidos especiales.

El cese de estas actividades que se configuraron como escenarios trascendentales para su arte ha impactado gravemente a las mujeres indígenas de la Amazonía. Ha puesto ciertamente en riesgo el aporte que su producción hacía a la economía familiar. No obstante, más allá de eso, otras dimensiones de la vida de estas mujeres han sido afectada, como la independencia que gozaban a través de los viajes fuera de sus comunidades para participar de las ferias, las oportunidades de intercambio con otras mujeres artistas de diferentes partes del Perú, el diálogo con un público de diferentes ámbitos que les abrían a su vez nuevos espacios de acción. Estas trayectorias que van unidas al circuito de comercialización de arte han sufrido también un duro golpe que puede haber pasado desapercibido para el plan de reactivación económica de Ucayali, una de las dos regiones además de Loreto que incluye a las poblaciones indígenas. No obstante, las mujeres indígenas están navegando nuevos retos que ponen a prueba su creatividad y su poder creativo para ir más allá de las brechas digitales.

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*Agradecemos a Diana Odicio, Neyra Pérez, Luz Maritha Rodríguez y Leidy Martinez por participar de estas entrevistas y compartir con nosotras sus luchas.

*Compartimos las redes sociales de la Asociación de Artesanas Pari Awin y la artista shipibo-konibo Leidy Martinez. La Asociación de Madres Artesanas de la Comunidad Nativa Yamino no tiene aún una red social, pero se puede conocer acerca de su trabajo aquí.

*Este artículo es resultado de algunas reflexiones que tuvieron lugar en un curso dirigido por Carolina Rodríguez Alzza en la especialidad de Antropología (PUCP), en el que las demás coautoras participaron como estudiantes.