
Por: Monseñor Miguel Angel Cadenas Cardo, Obispo Vicario Apostólico de Iquitos
Iquitos, 26 de enero 2026. – Intentaré decir algo con sentido sobre el término “evangelizar”: “dar buenas noticias”. Para ello partiré de algunos ejemplos concretos para pasar a fundamentar en la Biblia y extraer algunas conclusiones.
Comencemos con algunos ejemplos. Cuando un profesor de matemáticas da clases con competencia, respeto, sin ocultar su fe, pero tampoco imponiéndola, y con alegría cristiana está evangelizando. Cuando alguien acompaña a las federaciones indígenas en sus reclamos o defiende la dignidad humana está evangelizando. Cuando se visita a un enfermo para realizar lo que hace la Iglesia, aunque no siempre el enfermo quiere rezar, se está evangelizando…
También se evangeliza de forma explícita cuando se pronuncia el nombre de Jesús, el Cristo: cuando se catequiza (diferente de hacer proselitismo), cuando se lee la Biblia o se participa en las celebraciones litúrgicas, cuando buscamos formar la comunidad (comunión), cuando participamos en una procesión, cuando damos testimonio de Jesús…

Estas prácticas están basadas en nuestra tradición cristiana, pero antes de entrar en el Nuevo Testamento conviene indicar que el término “evangelizar” proviene del mundo de la propaganda imperial. Se utilizaba este término en situaciones diferentes: 1) en el nacimiento del emperador; 2) cuando accedía al trono; 3) en una visita imperial a una ciudad; 4) cuando ganaba una batalla. El Nuevo Testamento da nuevo significado a este término, lo resemantiza.
Así tenemos que el Nuevo Testamento utiliza el término “evangelizar” de tres formas diferentes: 1) se refiere a la proclamación del Reino de Dios; 2) anunciar a Jesucristo; 3) la combinación de ambas: proclamar el Reino de Dios y anunciar a Jesucristo. La primera, proclamar el Reino de Dios, aparece en las comunidades palestinenses: Lc 4, 43; la segunda, anunciar a Jesucristo, en las comunidades helenistas de origen pagano: Hch 2, 36-38; la tercera, la combinación de ambas: Hch 8, 12. Estos tres significados conviven hasta mitad del s. II.
Vayamos con una primera conclusión. “Evangelizar” se ha vuelto un término cristiano que proporciona identidad. Pues bien, los cristianos recogen esta palabra del imperio romano y le dan un nuevo significado, como hemos visto. Es una llamada de atención para no tragarnos tranquilamente los términos que provienen de otros contextos no cristianos. Por ejemplo: no falta quien habla de “salvar almas”, pero esto forma parte de la filosofía griega dualista que separa el cuerpo del alma y hoy día no es aceptable. La Biblia tiene un concepto unitario e integral del ser humano.

Vengamos al contexto peruano. La Amazonía ocupa el 60% del territorio nacional. Cada uno de los ocho Vicariatos Apostólicos tienen una extensión entre 70.000 y 150.000 Km2. Sin embargo, los Vicariatos son los que menos clero y vida religiosa tienen y los que menos dinero tienen para evangelizar. No faltan congregaciones que consideran un destino en la Amazonía como un castigo. Evidentemente, no estoy de acuerdo. La Amazonía es para misioneros y quien no se sienta misionero que no venga a la Amazonía. No han faltado sacerdotes de otras partes del país que han venido a la Amazonía y en poco tiempo han desbaratado el trabajo porque no era de su agrado, teniendo que volver a componerlo después de su partida.
No estaría mal que otras comunidades cristianas del Perú conocieran la Amazonía. Somos el territorio más castigado por la escasa presencia del Estado, las actividades extractivas y todo tipo de lacras. A esto se suma que el crecimiento económico peruano de las últimas décadas es desigual. Así tenemos que los Vicariatos Apostólicos reciben menos dinero de las financieras católicas extranjeras porque Perú ha dejado de ser un destino de apoyo financiero y ninguno de las iglesias hermanas del Perú.
Pondré dos ejemplos: en una de nuestras parroquias se gasta más de S/. 1,500.00 en gasolina sólo para llegar a la última comunidad, que está a 4 días de la sede parroquial, y bautizar. El segundo ejemplo corresponde a dos funerales de dos hombres en Iquitos. El primero murió en una mina en Moquegua, el segundo en otra mina en La Libertad. Jóvenes loretanos que salen a otros lugares del Perú en busca de trabajo. Con mucho esfuerzo los familiares trajeron sus cuerpos a Iquitos para ser enterrados. No puedo comprender a qué se refieren cuando dicen que no evangelizamos. Quisiera que me lo expliquen: 1) ¿no poder bautizar por falta de dinero para comprar gasolina?; 2) ¿rezar en un velorio?; 3) ¿decir que la desigualdad que vivimos atenta contra la dignidad humana?
Estas duras desigualdades atentan contra la comunión, pero también la comunión posee otras características. Ésta se fortalece cuando todos decimos lo que pensamos y rezamos en común. La comunión no es estar de acuerdo en todo. Se puede mantener el desacuerdo y rezar a Dios para que limpie nuestro corazón. Un ejemplo claro es el llamado concilio de Jerusalén. La versión más cercana temporalmente corresponde a Gal 2, donde Pablo se despacha a gusto. Muchos años después en Hch 15 ya se ha encontrado el sosiego necesario. De acá podemos aprender la necesidad de actuar en conciencia, la oración pidiendo a Dios que nos fortalezca en la comunión y no separarse de la Iglesia, la paciencia necesaria y no demonizar a los que piensan diferente.
¿Por qué escribir este texto? Para tranquilizar a nuestros cristianos que son bombardeados por internet con informaciones incorrectas. Sí evangelizamos y lo hacemos lo mejor que podemos y sabemos, con la alegría propia de los discípulos. Esto no evita nuestros pecados y defectos, pero así es la Iglesia: santa y pecadora. Ejemplos claros de la evangelización en la Amazonía son nuestros agentes de pastoral. A ellos quiero agradecer su generosidad y testimonio en medio de muchas dificultades e incomprensiones. Me da mucha alegría cuando veo a alguien rezar. Me brota del corazón: “dame la fe, Señor, como esa persona”. Y en la Amazonía también se reza.
+ Miguel Angel Cadenas Cardo
Presidente de REPAM Perú y del CAAAP
Obispo Vicario Apostólico de Iquitos
