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24 Ene 2022

Día Internacional de la Educación: Presidente del CELAM pide mayor inversión y aprovechar las oportunidades de la digitalización

En el Día Internacional de la Educación, que se celebra este 24 de enero, Mons. Miguel Cabrejos, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y Presidente del Episcopado Peruano, hizo un llamado al Pueblo de Dios, a través de un mensaje, a reconocernos “humildemente discípulos del mayor educador, Jesús, el Maestro”.

Mons. Cabrejos mostró su preocupación por las cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ante diferentes situaciones que padecen millones de niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe, entre ellas la pobreza, la interrupción del proceso educativo como consecuencia de la pandemia, la brecha digital y el hecho de que 20 millones de jóvenes, ni trabajan, ni estudian.

Ante esa dura realidad, el presidente del CELAM, en nombre de la Iglesia latinoamericana y caribeña, “demanda mayor inversión en educación, mejorar las condiciones materiales, aprovechar el salto en digitalización, generar condiciones de escolarización diversa e inclusiva, además de establecer procesos de transición de la educación a empleos de mayor calidad”.

Asimismo, pide “asumir la responsabilidad compartida respecto de la educación, por parte de la sociedad, los medios de comunicación, la familia, los educadores y los educandos”.

A continuación, el Mensaje del Presidente del CELAM:

 

 

19 Nov 2021

Monseñor Miguel Cabrejos: “La Asamblea Eclesial será una ‘pirámide invertida’”

“La Asamblea Eclesial será una ‘pirámide invertida’, todo empieza y acaba con el Pueblo de Dios”. Utilizando esta imagen, el presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), Monseñor Miguel Cabrejos, arzobispo de Trujillo (Perú) describió a la agencia SIR la lógica participativa y sinodal que mueve la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, que se tendrá del 21 al 28 de noviembre, en la Ciudad de México.

Es el momento eclesial más importante para la Iglesia en el continente desde los tiempos de Aparecida, pero también, probablemente, el primer gran acontecimiento eclesial de la era post- covid-19, precisamente en el continente que por varios aspectos estuvo más marcado por la pandemia.

Las cifras son significativas: alrededor de mil personas: 200 obispos, 200 sacerdotes y diáconos, 200 religiosos y religiosas, 400 laicos y mujeres de diferentes orígenes, incluso personas que se encuentran en situaciones de exclusión. La mayoría participará de forma virtual y unas 50 personas estarán presentes en la sede  de Casa Lago, de la Conferencia Episcopal Mexicana.

La preparación del evento se desarrolló por varios meses y consistió en un proceso de escucha en profundidad, realizado en los distintos Países y diócesis.

“Participaron unas 70 mil personas y el resultado fue un libro de 220 páginas”, dijo satisfecho Monseñor Cabrejos, a quien entrevistamos, con motivo de la reciente visita al Vaticano de la presidencia de Celam, junto con el primer vicepresidente, el cardenal Odilo Scherer, arzobispo de Sao Paulo (Brasil) y el secretario general, Monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo (Argentina).

El legado de Aparecida y la intuición del Papa

La Asamblea está estrechamente vinculada a la Quinta Conferencia General de Obispos Latinoamericanos de Aparecida (2007). El presidente de Celam explica: “Con motivo de la asamblea electiva de Celam, se dio el mandato a la nueva presidencia de pensar en una sexta Conferencia general”. Los tiempos parecían maduros, incluso con respecto al periodo transcurrido entre una y otra de las Conferencias anteriores (Río de Janeiro 1955, Medellín 1968, Puebla 1979, Santo Domingo 1992 y Aparecida 2007).

“Sin embargo, cuando hablé con el Papa Francisco al respecto, señaló que muchas de las ideas de Aparecida aún no se habían desarrollado y concretizado por completo. Aquí nació la idea de la Asamblea eclesial”, acotó.

Confirma el secretario general, Monseñor Lozano: “El Papa espera mucho de este evento, que es un ejemplo práctico de sinodalidad. Hay que dejar respirar el Espíritu y confiar en el Pueblo de Dios”.

Añade: ”Cuando yo era obispo auxiliar en Buenos Aires, un párroco le pidió al arzobispo Bergoglio que le diera un criterio para entender si era un buen párroco. Y el futuro Papa Francisco contestó: ‘Cuando la parroquia se sale de control, cuando no la controlas’. Creo que lo mismo debe decirse también de nosotros los obispos ”.

Por su parte, el cardenal Scherer agrega: “La Asamblea involucra a todos los miembros de la Iglesia, sentimos que se está produciendo un hecho nuevo. También en Brasil, la participación en la fase de escucha fue generalizada y muy positiva”.

Por una fe encarnada

Este acontecimiento eclesial, además, no es algo aislado: llega dos años después del Sínodo de la Amazonía, acompañado también de una gran escucha de las Iglesias locales, y pocos meses después de la culminación del proceso de renovación del Celam; además, coincide en la práctica con el inicio del Sínodo sobre la sinodalidad convocado por el Papa.

“La prioridad –agrega Mons. Cabrejos– es caminar juntos como Pueblo de Dios, profundizando y concretizando la colegialidad. Estoy seguro de que el Espíritu está soplando, y también lo he visto al respirar el clima de armonía que acompañó a la renovación del Celam”.

Otro aspecto importante, que surgió del camino de la escucha, es la necesidad de una fe encarnada, como también se originó del extenso camino preparatorio, o se convierte en algo intangible, porque “nuestra Iglesia es hija de la Conferencia de Medellín, que asume el Concilio y enfatiza la opción por los pobres. En los últimos años, a esto se le ha sumado el tema de la casa común”.

La perspectiva de una fe encarnada, además, está claramente presente en las ricas y densas 220 páginas resultantes del proceso de escucha. Son tratados temas eclesiales (desde el liderazgo de los laicos y los nuevos ministerios, desde la pastoral urbana hasta el “desafío” que representa el crecimiento de los movimientos neo-evangélicos), pero también muchas cuestiones sociales y económicas, partiendo de niveles inaceptables (especialmente en el Continente que acoge al mayor número de católicos del planeta) de pobreza, violencia, desigualdad, explotación de recursos naturales, delincuencia y narcotráfico.

Otro aspecto a destacar es la modalidad predominantemente virtual del evento, en un momento en el que la pandemia Covid-19, que tanto afectó a América Latina, aún está lejos de ser erradicada.

Dice el Presidente de Celam: “En estos casi dos años nuestra actividad no se ha paralizado. En preparación de la Asamblea (que se retrasó un año celebramos 200 reuniones. Algunos lo han criticado, pero la alternativa era parar, en lugar de dar esperanzas. En esta situación, el proceso de escucha fue un gran don del Espíritu”.

“El Espíritu sopla lentamente”

En esta perspectiva de esperanza, es legítimo preguntarse en qué, después de 15 años, la Conferencia de Aparecida, en la que el cardenal Bergoglio jugó un papel clave, sigue “inconclusa”.

El cardenal Scherer, que participó en ese encuentro como arzobispo de Sao Paulo, responde: “Fue un hecho extraordinario, lo recuerdo bien, y lo mismo puede decirse del documento final. La asamblea decidió dejar de lado el borrador preexistente del documento final, todo fue reescrito, partiendo de la dinámica de ser discípulos del Señor y misioneros. El Papa Benedicto XVI confirmó la idea clave de que la vida cristiana no parte de una gran idea, sino del encuentro con la persona de Jesús. Se nos sigue pidiendo una conversión pastoral, no pensar en una Iglesia autorreferencial. Aparecida puso mucho énfasis en el espíritu misionero y la relación entre la Iglesia y el mundo. Otro tema que sigue siendo central es el de la formación cristiana, un desafío enorme”.

Entre las iniciativas nacidas de Aparecida hay la de una misión continental, realmente lanzada pero sin grandes retornos. “Nos arriesgamos a entenderlo como un evento, no como un proceso de evangelización. Estamos llamados a una conversión integral y al mismo tiempo pastoral, y debemos recordar que los procesos son largos, el Espíritu sopla lentamente ”, concluye Monseñor Cabrejos.

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Nota publicada originalmente en la web de Celam. Se puede leer aquí.

08 Nov 2021

Mons. Jorge Lozano: “La voracidad consumista se está llevando por delante la casa común”

La COP26, que está siendo realizada en Glasgow (Reino Unido), de 31 de octubre a 12 de noviembre, ha sido tema de reflexión para Mons. Jorge Eduardo Lozano. A la luz del trabajo realizado hace pocos días por la Alianza de Redes Eclesiales para la Ecología Integral, el Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), llamaba a reflexionar sobre la situación del Planeta.

 

Responsabilidad humana en el cambio climático

El arzobispo de San Juan de Cuyo recordaba las palabras del texto, donde señala que “Nuestro mundo está en llamas, se está derritiendo, inundando, sufriendo sequías extremas e impactos en múltiples ámbitos de la sociedad. La responsabilidad de la humanidad en el cambio climático de nuestro planeta es ahora un hecho. El sistema que sostiene nuestra forma de vida en la Tierra está enfermando a nuestro planeta”.

Ante esa situación, el prelado argentino ha insistido en que “no es cuestión de seguir echándole la culpa al termómetro. Es urgente establecer vínculos amigables entre la humanidad y el planeta. La voracidad consumista se está llevando por delante la casa común”. El secretario general del CELAM define la situación actual diciendo que “un atropello que lo invade todo y sólo busca rentabilidad a cualquier costo. Los más afectados, como siempre, son los pobres y las comunidades que viven en entornos aún naturales”.

 

Inequidad entre los ricos y quien busca el bien común

Basándose en la encíclica Laudato Si´, escrita por el Papa Francisco en 2015, hizo ver que “como contrapartida al maltrato del ambiente, hay muchas personas y organizaciones que están realizando esfuerzos enormes por salvar al planeta y a la humanidad que lo habita. Pero la disparidad de fuerzas y recursos es enorme. Hay una gran inequidad entre los pocos que concentran riqueza y poder, y los que buscan el bien común, la justicia y la solidaridad”.

Para encontrar una solución ante esa acuciante realidad, “no alcanza con unos cuantos parches. Hace falta un cambio de paradigma en los estilos de vida y de producción”, reconoció el arzobispo. Según él, “el cambio climático produce calentamiento global. Y con este aumento paulatino de la temperatura se derriten los glaciares, aumenta el nivel de los océanos, se contamina el aire, no hay posibilidades de vida para unas cuantas especies”.

Sin mucha esperanza ante lo que se avecina, pues las probabilidades de lograr acuerdos eficaces en la COP26 “son todavía inciertas”, Mons. Lozano recordó las palabras del Santo Padre a los participantes de la cumbre, en el que pedía acompañarla con la oración y demanda de justicia”. Ante esa realidad, advirtió que “se está comprometiendo el presente y el futuro del planeta, que es único. No hay otro al cual mudarnos cuando este no soporte más. Cuidemos la casa que es de todos”.

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Nota publicada originalmente en la página web de CELAM.   Con informaciones de AICA.